Narrativa Gay
Emilo y Octubre de David Uclés
Reseña de Salvador Elio Galvaz (escritor)
Si sumergirse en una pintura tridimensionalizada es adentrarse a un mundo gobernado por el imaginario del artista, leer “Emilio y Octubre”, por David Uclés, es exactamente lo mismo.
Pero ojo, que cuando digo “gobernado”, digo realmente “gobernado”. Porque el narrador es un tirano literario que hace y deshace como quiere, que nos impone música de fondo, personajes aleatorios, y surrealidades incoherentes y mágicas, lagrimas de témpera azul, el profundo empalidecer infeccioso que blanquea todo a su alrededor, o un ave transparente de la que solo se intuye su sombra. Un narrador que se manifiesta cuando quiere ser invocado y que se entromete de forma invasora en la lectura cuando quiere ser visto, como dueño de casa que es.
Es un libro lleno de melancolía como lo que es, la dulzura de la tristeza, y de la nostalgia más profunda de todas, la nostalgia de recordar lo que nunca fue. Nos habla desde la conciencia viva de un vientre materno, pintado como un limbo en el que esperan las almas que están por nacer. Nos invita a entender la muerte como el último real ejercicio de la voluntad consciente. Y nos ayuda a descubrir el amor como un propósito existencial en sí. Vida, muerte y amor. Y si a eso le agregamos obras de arte magistrales, música inmersiva, viajes mágicos a través de ciudades europeas, algo de sexo gay y fantasía surrealista, pues ¿qué más podemos pedir?
Amamos los momentos de puro capricho personal que nos regala el narrador, como el cameo de Benoit que lo hace eterno al pintarlo en sus páginas, el examen de arte que está presto a calificarlo junto con Carmen, y los espacios de puro despotismo en los que nos exige dejar de leer para escuchar alguna canción. Hagan caso a lo que dice, tiene sentido.
¿Y, de qué se trata? Es la historia de dos amantes predestinados y a la vez víctimas de sus propios miedos. En un retro-futurismo distópico en el que la tecnología permite experimentar el arte pictórico de manera tridimensional, por medio de un proceso sencillísimo de física cuántica (viene con un manual de uso). Los personajes se sumergen en los universos gráficos, las texturas oleas o acrílicas de distintas pinturas. Emilio y Octubre se enamoran así.
Sinpsis: Emilio recuerda cómo entrevió a través de la piel translúcida de la barriga de su madre la réplica de Murillo que colgaba en el hospital madrileño donde nació. Se pregunta, desde dentro de un lienzo de Magritte, por qué al final del hilo rojo que ataron a su dedo meñique tras nacer leyó entonces el nombre de un mes.
Octubre desconoce de dónde viene su nombre; nosotros tampoco lo sabremos. Recuerda aquel primer amor al que besó debajo de las faldas de una menina del Prado. Se pregunta dónde estará ahora, mientras bucea bajo las agua de la laguna Estigia de Patinir.
Hasta que los dos puedan llegar a amarse, planearán sombras de pájaros descolorados, surgirán lágrimas de témpera de unos ojos cosidos, se tendrá que sujetar el cielo con vigas; Europa se secará; tragará la tierra a un hombre moribundo, habrá quien atraviese corriendo un continente sin detenerse y hasta quien se meta en el sueño de otra persona a través de una bombilla.
Esta es la historia de amor de Emilio y Octubre, narrada desde el nacimiento de uno hasta la muerte del otro, en un futuro cercano en el que nos introduciremos en las pinturas tridimensionalizadas de los museos de toda Europa.
Editorial: Dos Bigotes
Fecha de edición: 2020
Idioma: Castellano
Nº páginas: 377


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